Fomentar el compromiso del alumnado en el aula

¿Cómo impulsar el compromiso de tu alumnado mediante actividades?

Las actividades que no comportan estar en las sillas de las aulas y dinamizan al alumnado pueden ayudarles a participar en el contenido del curso, incluso en la escuela secundaria.

Como docentes, no podemos hacer el trabajo por l@s estudiantes, pero podemos crear experiencias dinámicas y estimulantes relacionadas con quiénes son y quiénes quieren ser. Con este fin, podemos diseñar actividades que les permitan diseñar preguntas, formular hipótesis, realizar experimentos y plantar sus propias semillas.

Dichas actividades establecerán las condiciones en las que el alumnado puede sopesar y medir los resultados, considerar varias soluciones e imaginar infinitas posibilidades.

Diseñar experiencias de aprendizaje dinámicas

1.- Demostrar por qué las actividades son importantes: es esencial que ayudemos explícitamente a nuestro alumnado a comprender la forma en que lo que aprenden en la escuela se relaciona con sus vidas cotidianas, no solo para fomentar el compromiso, sino también porque las investigaciones demuestran que l@s estudiantes no aplican lo que han aprendido a situaciones nuevas a menos que se les pida que lo hagan.

El alumnado no debe quedarse sin respuesta a la pregunta: “¿Por qué necesitamos aprender esto?” En su lugar, podemos presentar o seguir nuestras directrices explicando por qué les pedimos que realicen una tarea o explicando cómo de importante es una tarea, tanto para su uso en la escuela como más allá de ella.

También podemos retarles a que hagan estas conexiones por sí mismos, al ofrecerles preguntas guiadas que les ayuden a considerar cómo el trabajo que están haciendo es importante más allá de nuestras aulas.

Las preguntas guiadas pueden incluir: ¿Cómo se aplica esta prueba matemática a un problema actual? ¿Qué movimientos históricos y conflictos parecen repetirse? ¿Cómo podemos aplicar lo que estamos aprendiendo en la escuela para mejorar nuestras vidas y nuestra sociedad?

2.- Ofrecer opciones: si sabemos qué es lo que más nos interesa que aprendan, podemos diseñar a partir de esos resultados para ofrecerles diferentes vías para llegar a estos.

Por ejemplo:

  • En una clase de ciencias, si el alumnado está aprendiendo acerca de las máquinas Rube Goldberg, puede decidir sobre una tarea que desea completar y construir una utilizando varios objetos de su elección.
  • En una clase de historia, se les puede preguntar cómo abordarían un problema global: podrían elegir entre temas como el hambre, la educación, la salud, el medio ambiente o la igualdad de género, y luego elegir demostrar su solución a través de una presentación de diapositivas, un vídeo, un sketchnote, un storyboard u otros medios.
  • En una clase de artes del lenguaje, si el enfoque está en las novelas, el maestro puede proporcionar una selección de libros con protagonistas de diferentes géneros, culturas, etnias y estatus económico, para que l@s estudiantes puedan conectar con un personaje.

Darles opciones dentro del trabajo que realizan fomenta el compromiso porque, al igual que los adultos, es más probable que se involucren en un trabajo que les importa.

3.- Incorporar el movimiento: las actividades dinámicas animan al alumnado a sumar sus voces a los debates en el aula y mostrarles que sus opiniones son importantes.

Al configurar estas actividades, el profesorado puede publicar preguntas que requieran ideas divergentes. L@s estudiantes pueden moverse por la sala en grupos de tres o cuatro, discutiendo cada pregunta varios minutos antes de continuar.

Las actividades dinámicas les ofrecen la oportunidad de moverse y participar en una variedad de conversaciones individuales. Organiza las mesas por parejas, uno frente al otro, y supervisa las conversaciones y el movimiento, determinando quién está hablando, quién escucha, cuándo hacer una pregunta de seguimiento, cuándo responder y cuándo cambiar de asiento.

El profesorado puede incentivar la escucha al proporcionarles 30 segundos para registrar brevemente la esencia de lo que han escuchado, además de la oportunidad de hacer una pregunta de seguimiento. Las actividades dinámicas se pueden usar para una variedad de propósitos: fomentar las habilidades del lenguaje en una clase de idiomas, ofrecerles la oportunidad de debatir sobre temas controvertidos o permitir que compartan conocimientos cuando trabajan sobre diferentes temas.

Construir en el tiempo para la reflexión

A lo largo del curso escolar, deberíamos ofrecer oportunidades al alumnado para reflexionar y que puedan consolidar lo que han aprendido, determinar qué hicieron bien, qué pueden hacer de manera diferente y cómo les gustaría avanzar.

Hacia el final de este, cuando el compromiso comienza a disminuir, podemos pedirles que reflexionen sobre el trabajo que hicieron este año. Podemos enmarcar esto como nuestros “Grandes éxitos” y preguntarles: ¿Qué produjeron este año que les gustaría compartir con el resto de la clase? ¿Por qué es digno de compartir? Esta participación puede culminar en un recorrido por la clase de diferentes escritos, vídeos, demostraciones y reinterpretaciones de las actividades aprendidas.

La participación del alumnado debe ser nuestra máxima prioridad, ya que sino no hay un aprendizaje real. El aprendizaje más profundo es posible cuando participan activamente en la vida del aula, entienden la conexión entre su trabajo escolar y el resto de sus vidas, y tienen oportunidades repetidas para la reflexión. Cuando les invitamos a participar, nuestra clase se convierte en un donde el alumnado es el protagonista, que es la fuerza vital del compromiso.

Artículo original: “Designing Lessons for Engagement” escrito por Beth Pandolpho de Edutopia.

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