La ley dice qué evaluar. Nadie dice cómo.

Hay un patrón que veo repetirse en casi todos los colegios que se acercan a la robótica educativa por primera vez.

Llega el kit. Se hace la formación inicial. Los alumnos se entusiasman. El profesor también, más o menos. Y entonces, a las tres semanas, alguien en el claustro hace la pregunta incómoda: ¿Cómo sabemos si están aprendiendo algo?

Silencio.

 

Lo que la ley dice, y lo que no dice

La LOMLOE no deja margen de interpretación: el pensamiento computacional es obligatorio. No como una asignatura optativa o un proyecto extracurricular. Está integrado en el currículo de Matemáticas desde Infantil hasta 4º de ESO, en Conocimiento del Medio en Primaria, en Biología y Geología, y en Tecnología y Digitalización en Secundaria.

Esto significa que no es solo responsabilidad del coordinador TIC. Es de toda la escuela.

Lo que la ley sí define con precisión es la estructura: competencias específicas, criterios de evaluación, saberes básicos. Por ejemplo, en Primaria se espera que el alumno sea capaz de "modelizar situaciones de la vida cotidiana utilizando principios básicos del pensamiento computacional". En Secundaria, que "reconozca patrones, organice datos y descomponga un problema en partes más simples".

Lo que la ley no incluye es cómo trasladar eso a una rúbrica que funcione en el aula, con un robot delante y 25 alumnos. Ese paso lo tiene que resolver cada colegio.

Y ahí está el problema.

 

El error que nadie nombra

La mayoría de los colegios introduce robótica resolviendo el problema visible, qué tipo de robots, qué marcas, qué precio, sin resolver el problema invisible: cómo se demuestra que los alumnos están desarrollando la competencia que el currículo exige.

Sin eso, la tecnología en el aula tiene los días contados. No porque no funcione, sino porque no puede demostrar que funciona.

Un centro sin sistema de evaluación claro acaba haciendo una de estas tres cosas:

Evalúa la actitud y el esfuerzo, no la competencia adquirida. Los alumnos aprenden a parecer que aprenden.

Delega toda la responsabilidad en el coordinador TIC, que acaba siendo el único que sabe qué está pasando en esas clases. Cuando ese coordinador se va, el proyecto se va con él.

Abandona la tecnología antes de que dé resultados, justo cuando estaba empezando a funcionar.

Ninguna de las tres es un problema de voluntad. Es un problema de diseño.

Y tiene solución.

 

Una pregunta para acabar

¿Cómo está resolviendo tu colegio la evaluación del pensamiento computacional ahora mismo?

Si tienes un sistema que funciona, me encantaría que me lo contaras, responde directamente a este email. Si todavía estás buscando cómo hacerlo, en el próximo número te cuento cómo lo están resolviendo algunos colegios que llevan ya un tiempo trabajando con esto de forma sistemática.

Y si quieres verlo antes, aquí tienes un vídeo de 2 minutos de ROBOTIX C360. La evaluación automatizada alineada con el currículo es una de las partes que más sorprende a los equipos directivos.

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